Ya no se bien quien soy,
ni en lo que me he convertido. La vida se ha vuelto un poco extraña
para mi. Cada vez me cuesta un poco más sonreír y temo que acabe
por olvidar como se hace.
Ojalá pudiese volver
atrás en el tiempo. ¿Qué cambiaría? Lo cambiaría todo. Cambiaría
mi forma de comportarme. La forma en que he tratado a ciertas
personas. No porque haya sido mala con ellas (que con algunas si lo
he sido) si no porque, precisamente, no lo fui. Me equivoqué unas
cuantas veces. Elegí mal. No escogí bien mis prioridades. Y me
convertí en esto que soy ahora.
Una mezcla irreconocible
de la Andrea de seis años que reía por todo y siempre tenía una
respuesta graciosa y la Andrea de hace unos años, desconfiada,
cansada de todo. Ahora soy esa que siempre quiere hacer reír a los
demás, a todos, que pagaría por ver una sonrisa sincera por sentir
un abrazo dado con cariño. Soy esa que haría cualquier cosa por los
pocos (pero buenos) amigos que le quedan.
Supongo (se) que soy una
chica complicada. No es fácil entenderme. Sin embargo no pido eso.
Nunca lo he pedido. Jamás he pretendido que un amigo me ayudase
porque no hay ninguno que pueda hacerlo. He llegado a ese punto en el
que se, soy consciente, que la única persona que puede hacer que
vuelva a ser la misma, que vuelva a sonreír, que me cure, soy yo. Y
aunque ojalá pudiese ser una persona normal, no puedo mentirme a mi
misma. No lo soy. Demasiadas cosas se acumulan en mi vida como para
serlo.
Aun así, no soy una
persona que hable de sus problemas. Al revés. Odio hacerlo. “¿Por
que no sonríes?” Alguien me preguntó una vez y yo no pude
contestarle, solo lo miré y le regalé mi sonrisa.
Nunca nadie se había
molestado hasta ese momento en preguntármelo, creo que se ganó
verla. Si estás leyendo esto, sabes que va por ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario