jueves, 31 de enero de 2013

Nunca pierdas tu muchedad...

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Todas las personas del mundo somos especiales. Admitámoslo. Todos somos raros en nuestra propia forma de serlo. ¿No es eso fantástico? Que horrible empeño tiene la gente ahora con parecerse los unos a los otros. Si Fulanita se compró ese chaquetón tienes que ir tú y comprártelo porque Fulanita es genial y a lo mejor tienes suerte y es el chaquetón lo que la hace genial y se te contagia un poco. Pero no, no es así, aunque te compres ese chaquetón precioso que tiene Fulanita no tendrás su genialidad, incluso puede que a ti no te quede bien. Y, de hecho, aunque le robes el chaquetón a Fulanita, seguirás sin parecerte a ella y su genialidad. Porque la genialidad de las personas es precisamente el hecho de que se haya comprado ese chaquetón primero, que fuese a la tienda y lo cogiese. Puede que tú fueses a la tienda antes y vieses sin ver ese chaquetón y que justamente porque no te llamo la atención no lo cogiste, porque no es tu estilo. No tiene tu personalidad. No importa lo mucho que te empeñes. Exactamente por eso, por mucho que te pongas el chaquetón de Fulanita, seguirás sin parecerte a ella. Y eso, amiga mía, eso si es GENIAL. 
¿Qué gracia tiene si somos todos iguales? A mi me gustan las rarezas de la gente, me enamoro de ellas. Es fantástico conocer a alguien con una de esas personalidades marcadas que te dejan descolocada desde el primer momento. Y para mi la gente con personalidad son... ídolos, porque , ciertamente, no es fácil tener una personalidad y unos pensamientos propios hoy en día. Por eso valoro tanto a la gente con personalidad. A la gente auténtica. A veces ni si quiera piensan como yo, pero sigo admirándolos. Porque lo valen. Tienen mucha Muchedad (como diría Alicia del Pais de las Maravillas) Y esa esa Muchedad lo que los hace especiales y valiosos. 
Da igual si su muchedad consiste en hablar con las palabras más raras del diccionario, tener un acento extraño, ser infantil o extremadamente maduro, ser aficionado a las figuras de cerámica o vestirse de colores chillones y con las cosas más extravagantes del mundo. Da igual. El caso es que tienen Muchedad y me gusta. 
Ahora bien, si tú quieres seguir ocultando tus rarezas y tú, repito, Muchedad, cosa tuya. Al final ni tú mismo sabrás quien eres y si alguien se enamora de ti... echa a temblar, estará enamorado de otra persona. 
Tenemos que convencernos de una vez de que cada uno de nosotros somos especiales y no por nuestra mayor o menor belleza sino por nuestra, si lo has adivinado... MUCHEDAD
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Querida persona que esté leyendo esto...


... quiero comunicarte que te han engañado, si, así es. Puede que no te hayas dado cuenta pero lo han hecho. Te han hecho creer que la felicidad es difícil de conseguir cuando, en realidad, es mucho más fácil de lo que parece, ¿puedes definir felicidad? Yo si. Y por eso te digo que aprendas a disfrutar de una buena noche de sueño cuando estás cansado, del calor de un día de sol, del aire puro de por la mañana o de un buen vaso de agua cuando tienes sed, de un abrazo de un amigo y de la sonrisa de la persona a la que más quieres en el mundo, o a una de las que más, porque el mundo es demasiado grande y tiene demasiadas personas geniales como para solo poder querer a una. 
Como ves, te han engañado. ¿No tienes acaso un techo bajo el que dormir y resguarecerte de la lluvia, un plato de comida frente a ti todos los días, una cama más o menos cómoda y mantas para taparte cuando tienes frío? 
Es así de sencillo, aprende a disfrutar de los pequeños placeres de la vida que, además de ser simples, son también muy baratos. 
Y, ¿sabes? Si hay algo que me ha enseñado la vida, en el poco tiempo que llevo viviéndola es que hay épocas malas que pueden durar un día, dos, tres, una semana, un mes, un año... pero al final un día te cansas de estar triste y sonríes y, la verdad, es que es bastante probable que ni si quiera sepas porque, pero lo haces y eso es lo importante. Créeme cuando te digo que, por muchas malas épocas que haya, una sola época de felicidad ya compensará todas las malas y solo por ese breve instante de absoluta tranquilidad, habrá valido la pena. 

martes, 8 de enero de 2013

Nada

Sentada en un banco de un parque cualquiera de mi ciudad, las lágrimas caen por mis mejillas, miro al frente, busco, tengo que encontrar algo por lo que vivir, se me acaba el tiempo, me tengo que decidir. 
Han pasado ya doce otoños de hojas amarillas pero yo ya debo encontrarle el sentido a mi vida, no me queda nada por lo que luchar, no tengo sueños posibles de cumplir. Estoy cansada, el tiempo, la vida y las ganas se me acaban. 
La soledad siempre ha sido mi compañera, tengo que buscar otra alternativa, y si no ¿qué me queda? Yo no he tenido ninguna otra fiel compañera.

¿Qué puedes esperar de alguien que escribe algo así con doce años? ¿Qué puedes esperar de alguien que escribe sobre soledad, sueños incumplidos y falta de ganas de vivir con doce años? Nada.