Quiero sentir que sigo
siendo la misma. Que sigo siendo la misma loca que se sacaba fotos
raras con su mejor amiga sin tener verdadera vergüenza de quien las
pudiera ver. Que sigo diciendo tonterías y riéndome de cosas sin
sentido. Que no me he vuelto adulta, por lo menos no del todo. Que
las cosas más estúpidas siguen haciéndome gracia porque eso
significará que aun no está todo perdido y que incluso aunque haya
crecido y madurado no he perdido mi esencia que es en el fondo lo más
importante de cada uno. Quiero acordarme de la historia del
astronauta ruso y convertir el ruido molesto en un bonito sonido. Y
quiero verme reflejada en el espejo y que cuando sonría pueda ver a
aquella niña pequeña con dos coletas de sonrisa pícara, mejillas
sonrojadas y mirada intensa. Quiero volver a ser aquella que se
inspire con la música de un piano, que cualquier cosa le sirva para
crear un extenso tema de conversación, esa que encontraba una manera
de discutir por cualquier cosa y siempre acabar riéndose. Aquella
cuya risa no le parecía desafinada y que caminaba por los bordillos
de las aceras. La que respiraba y le decía a su madre: huele a
verano. Quiero sentir que no he perdido eso. Que sigo siendo la
misma.
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